No me he alejado mucho de mi tierra al salir de la costa tunecina hacia la costa levantina. Aquí he elegido empezar una fase importante en mi vida, solitaria y libre. En diciembre 2007 cumplí 3 años en España. A menudo echo de menos mi gente, mi tierra y mi vida sin preocupaciones. Pero poco resisto al encanto de Valencia, a la independencia y a los desafíos. Inmigrante, cuánto me costó definirme así. Creía que el hecho de ser estudiante era otra realidad diferente, que a diferencia de l@s sin papeles, de las acompañantes de inmigrantes, de las mujeres de limpieza, de las que trabajen en el campo, de las que optaron por hacerse madres solteras para echar raíces... creía ser diferente, aventajada y más integrada. Pero me equivoqué. Soy inmigrante que tiene que luchar contra estereotipos, contra el acoso y los malos tratos, contra todo para confirmarse, para hacerse oír.
Si del país de origen salimos en búsqueda de algo que no tenemos o no podemos tener, estamos en el camino de la inmigración. No hay inmigración positiva y otra negativa, ni buena contra la mala, ni dura frente a la fácil. Aquí llegamos todas, en pateras, en barcos, en aviones, en autobús... cansadas, nerviosas, sencillas y en el fondo tenemos miedo a lo desconocido.
No alegraremos descubriendo el nuevo entorno, nos chocaremos tocando nuevas puertas, nos cansaremos deletreando nuestros nombres... es que somos inmigrantes.
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